Si eres agente comercial, tu coche no es solo un medio de transporte.
Es tu oficina, tu herramienta de trabajo y una de las partidas de gasto más importantes de tu actividad.
Por eso, cuando llega el momento de cambiar de vehículo, la duda es inevitable:
¿renting o coche propio?
La respuesta no es la misma para todos, pero sí hay criterios claros que pueden ayudarte a decidir con cabeza.
El desgaste real de un coche en la vida de un agente
Un coche empieza a dar problemas serios a partir de los 200.000 kilómetros.
No es una cifra teórica: es el punto en el que suelen aparecer averías más frecuentes, mantenimiento más caro y pérdida de fiabilidad.
Muchos agentes comerciales que trabajan varias provincias recorren alrededor de 65.000 km al año.
A ese ritmo, un coche alcanza los 200.000 km en solo 2 o 3 años.
Esto significa:
- Renovar vehículo con mucha frecuencia
- Asumir averías y mantenimiento constantes
- Pérdida de valor del coche en poco tiempo
Y aunque el vehículo sea una herramienta de trabajo, solo se puede deducir el 50 % del gasto en la mayoría de los casos.
El coche propio: más flexible, pero con más incertidumbre
Tener coche propio ofrece libertad total. No hay límite de kilómetros ni contratos cerrados.
Sin embargo, toda la responsabilidad recae sobre ti: reparaciones, revisiones, imprevistos y depreciación.
Cuando el kilometraje anual es alto, estos costes dejan de ser puntuales y pasan a ser recurrentes.
A largo plazo, el coche propio no siempre resulta tan económico como parece.
¿Qué ofrece el renting en un uso intensivo?
El renting cambia el enfoque: en lugar de asumir todos los riesgos, pagas una cuota fija mensual con prácticamente todo incluido.
Para un uso intensivo, un coche de renting suele situarse entre 800 y 1.200 € al mes, incluyendo:
- Mantenimiento
- Averías
- Seguro
- Asistencia
Esto supone unos 12.000 € al año y entre 36.000 y 46.000 € en tres años, también deducibles al 50 %.
La gran ventaja del renting no es solo el coste, sino la estabilidad y tranquilidad: sabes exactamente cuánto te va a costar el coche y evitas sorpresas.
Entonces… ¿qué opción conviene?
No hay una respuesta universal, pero sí una regla práctica bastante clara:
- Si recorres 50.000 km o más al año, el renting suele ganar por estabilidad, comodidad y control de costes.
- Si tus kilómetros son más bajos o muy variables, el coche propio suele salir más rentable, especialmente si el vehículo aguanta bien el uso.
La clave no está solo en el precio mensual, sino en cómo trabajas y cuántos kilómetros haces realmente.
Haz números: tu coche es tu oficina
Para un agente comercial, el coche no es un capricho.
Es una herramienta diaria que afecta directamente a tu rentabilidad, tu tiempo y tu tranquilidad.
Antes de decidir, revisa tus kilómetros anuales, tus gastos reales y el tiempo que dedicas a imprevistos.
Porque elegir bien no va de gustos, va de números.
Y cuando el coche es tu oficina, decidir con cabeza también es parte de trabajar mejor.